Trituras los huesos de la luna
para hacerlos arena de esta playa,
los guijarros se clavan en los pies del tiempo
que avanza mojando los dedos en aguas turbias
y rebeldes.
Aquí no se siembra, no crece nada;
sin embargo hiciste de mí una semilla,
raíces con escamas,
letras creciendo como enredaderas entre tus piernas,
versos saliendo de la cuenca de los ojos;
espirales creciendo sin la luz del sol,
alimentando peces suicidas,
esperando pingüinos errantes,
buitres leonados de montañas diurnas vigilan
el ciclo.
Este volcán te habita.

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