Esta es una bañera de cables y códigos
donde sumerjo la espera de poder mojarme en tu boca.
Vuelas por los altos techos de mi habitación,
agitando alas de plumas de libros gastados,
detienes el sueño,
veloz como la fuerza de mil caballos en batalla;
disparas,
tus balas rozan el alma suicida,
que siempre mira por el acantilado desde la torre lunar,
esperando un cielo mullido para dejar caer
el peso plomizo de mi carga.
Todos los relojes enloquecen
cuando el tiempo y el no tiempo se eclipsan,
si la locura se vuelve valiente
como para salir a la superficie
por un momento,
a respirar el humo de la pólvora,
cotidiano aliento de Ares.

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