Los ojos del tigre arden en llamas solares,
nos acecha,
consume nuestros cuerpos hasta derretirnos en aceite,
hace pliegues en mi piel con los oleajes de la marea de su cuerpo,
tenemos una cama y varias puertas para llegar a ella,
el deseo es una explosión de cúmulo estelar,
polvo de alas batientes
que gimen y se arrastran por líquidos de vida
cayendo en esa lluvia de plomo,
nigredo de la creación.

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