El baphomet interno.
Muros,
Pasillos,
Puertas con
cerrojos.
Camino
por
arácnidos
telares.
Escaleras abajo
está el Dragón,
Olvidé
la katana…
subo hasta
encontrarla,
Bajo, siempre
hacia abajo;
este caracol
no termina.
En el fondo
sólo hay un
espejo arrugado,
no hay
reflejo,
sólo unos
ojos de fuego,
va a atacarme,
sus fauces lo anuncian,
me lanza llamas,
me arroja
esmeraldas
y rubíes.
Las parto por la mitad,
la savia y la sangre
que llevan dentro
mojan mis dedos.
Me quema, me increpa,
erizada la cresta, se deja ver
enorme…
Empuño la katana,
quiero degollarlo,
escucho el estallido de cristales
cayendo al suelo
y veo rodar mi cabeza.

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