Quería ser la tinta que resbalara por tus vértebras;
soldar los huesos rotos,
atizar tu locura abanicando la noche,
podía sentir tus pasos en mis pies
descolocando el sol y las letras blandas.
Los acantilados atisban un horizonte,
ahí se acaba el mar del pensamiento funesto y amargo,
se vierten lágrimas añejas en las raíces lacias, torpes, cortas
de una incipiente pasión que delira.
Tengo el tiempo contado…robado,
llegar tarde a todo, tic tac, tic tac,
lo despilfarro porque me sobra;
se me escurre entre los dedos,
escapa de mí.
No existes,
soy como cualquiera de los dioses,
te he creado para contradecir la voz interna
de este reloj que se empeña en rasgar cada milésima de segundo
el último aliento de dragón herido.
Rayos de realidad queman la piel,
tatúan los ojos morenos de henna,
delinean la ruta inadvertida en las manos
para escampar la cordura tantas veces negada,
sólo es el color de un destino marcado
por una luz que interrumpe la puntual calma
de unas manos gastadas de tanto tocar la nada.

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