Me hice una
marca en la frente
de tanto
presionarla,
ahora hay un
vindi que anuncia origen y destino,
un tercer
ojo al vacío.
Ayer entre
sueños lloraba por las llagas que entumecían mis manos,
las
mostraba,
quería que
todos las vieran y sintieran pena por mí;
pero nadie
mostró conmoción ni respeto,
vagué con
las manos extendidas,
mirando la
piel carcomida que supuraba dolor,
desperté,
el dolor era
real, pero las llagas no estaban en las manos.

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