domingo, 10 de marzo de 2013


 
Todo lo creo,

cada palabra,

cada aliento en las horas perdidas,

escucho el arrastre de tus pasos

sufro tus heridas.

No hay manera de perder esto,

no hay salida para esta cortina de hierro y de palabras,

que sin marchitarse

 llegan a beber de mí.

Todo lo putrefacto se vuelve divino,

redime este eco,

son horas que gritan,

segundos que buscan a tientas

las manecillas que nos atan.

A punta de semen y sangre se mezclan nuestras manos,

levantas casas con mi cuerpo y ladrillos de arena roja,

Aquí se construye un lugar para que llegue el mar,

que con sal cierre el paso a la vida que se escapa,

remoje las alas caídas y limpie el inmenso lodasal.

Bebo de tu ojos,

me hundo en las notas de tu metal,

todo te creo,

 aún en el suicidio cotidiano,

me lanzo contigo.

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