No me sorprende que los muertos caminen
con naturalidad por la calle o que escriban atrincherados con vista corta y
mente espaciosa de lo vacía que está. De hecho, no me sorprendería si me entero
que ya he muerto, que sólo recuerdo algunas cosas y que vago en este mundo que
en realidad es el infierno.
Vaya que hay que tener valor para
pensar, escribir y anunciarlo; Henry y tú han resucitado palabras que deseaban
morir, han sido crueles; incluso con ustedes mismos.
Me quedo apoltronada en el sofá
abismal, pisando los restos pulverizados del día, desde aquí vigilo la playa de huesos por
si acaso la botella trajera algún mensaje.
La tinta sepia del café amaga
cualquier intento por sucumbir; atisbo un halo de vida cuando logro tocar las
arrugas de tu mente si cubro de noche los ojos. No hay geografía que impida esperarte
cansado de apostar, todo será posible mientras el oráculo mantenga viva la
fuente de Mnemósine.

No hay comentarios:
Publicar un comentario