Has escrito un Dragonario de bolsillo
con escamas de fuego y a dos tintas,
lo llevo guardado en la piel reseca,
envuelto con los pliegues de Kabylia.
Entre tormentas de arena hojeo los poemas,
en cada página un dragón, uno blanco, un negro, uno rojo
uno por uno, el poemario es el ritual.
En la calle que ya no existe te espera un nicho,
un poema tuyo va a la ofrenda,
es el viaje que nunca hizo y te ha heredado,
ven a vaciar las botellas de delirio
y comprueba que no estás en un sueño surrealista.

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