martes, 22 de enero de 2013

Memoria Infinita




No me sorprende que los muertos caminen con naturalidad por la calle o que escriban atrincherados con vista corta y mente espaciosa de lo vacía que está. De hecho, no me sorprendería si me entero que ya he muerto, que sólo recuerdo algunas cosas y que vago en este mundo que en realidad es el infierno.

Vaya que hay que tener valor para pensar, escribir y anunciarlo; Henry y tú han resucitado palabras que deseaban morir, han sido crueles; incluso con ustedes mismos.

Me quedo apoltronada en el sofá abismal, pisando los restos pulverizados del día, desde aquí vigilo la playa de huesos por si acaso la botella trajera algún mensaje.

La tinta sepia del café amaga cualquier intento por sucumbir; atisbo un halo de vida cuando logro tocar las arrugas de tu mente si cubro de noche los ojos. No hay geografía que impida esperarte cansado de apostar, todo será posible mientras el oráculo mantenga viva la fuente de Mnemósine.