Con una tijera la mente corta palabras,
rasga la aorta que destila los trozos de algo que se tiñe de
significado;
caen como monedas,
tintinean,
giran sobre su propio eje
antes de parar sus movimientos simétricos
en el suelo de estos
ojos que leen.
Llegan de muy lejos los pensamientos arrastrando los pies,
rezumban como aleteos de lechuzas y mochuelos,
cada frase llega volando con un pico o un aguijón
y no se quedan,
se diluyen,
son como una pizca de sal en la punta de la lengua.
Estuvieron aquí, a punto de ser escritas
pero decidieron volver como civettas en pos de Atenea,
ululando a las almas que se van a rondar la luna,
vigilantes del sueño y del inconsciente.
No puedo escribirlas, son libres y anárquicas…ruedan, se van…

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