A la llegada del sol
o cuando se marcha,
constante en la penumbra,
en los bordes del pensamiento
apareces,
Henry te echa una mano al hombro,
te sienta a nuestra mesa a charlar,
destapamos la botella para recitar,
para eructar el mundo,
para lanzar blasfemias,
la oración cotidiana de los poetas suicidas,
arlequines de la corte del Rey Pingüino.
Crees que borrando las huellas con ramas de silencio
mi poesía no te seguirá por el archipiélago del insomnio?
a pesar de todo, algún puente quedará,
alguna nota perdida suena al interior del laberinto,
aún queda un resquicio en tu pecho
para sostener mi abrazo ancestral, milenario.
Velos azules brumosos en tu ventana;
lluvia sideral por tus rincones,
los trópicos te esperan,
te escriben cartas
desde el pasado
empalando mis letras.
estoy destinada a llegar.
No tengo miedo al desastre,
quiero huir del cansancio que conforma,
no hay segundero que detenga mi tiempo,
aunque retarde mi hora,

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