Cuarenta
pulsaciones de vida ardiendo,
horas gemelas
cruzadas por el portal adusto,
líneas arcanas
trazadas en las palmas de tus manos
donde Plutón
cincela el poemario mortal.
El perro de
arena aulla a la mirilla lunar,
quien enciende
las velas de aquel altar?
años inyectados
de lita mundana para morder la realidad.
Cada día un
espejo de sombras soterrañas,
licuando artificios
y adrenalinas para desayunar,
noches de
trabajo eludiendo el barrizal extendido hasta la montaña,
mejor los
acantilados te esperan, con alas rojas, regando cenizas que fertilicen el mar
y
resuciten los peces poéticos llenos de locura salada.
El imperio del
pingüino sigue intacto, la epopeya continúa, aquel graznido sigue
esperando por
ti.

