Sigo el sonido áspero
de sus voces por el pasillo, es el barullo lo que me espabila y hace que,
adormilada, vaya a su encuentro, necesito cerciorarme que es verdad, que están
ahí.
Arrullan mis pasos y
me detengo, no pienso cruzar la habitación, mis ojos avistan el sombrero de uno
y la chaqueta del otro disipando mis dudas.
Ambos toman de una
botella vacía, están cansados y arrastran las palabras por la habitación, las
dejan caer como arena de sus zapatos, las apilan para hacer una fogata con
ellas. Nunca me han dicho la razón por la que usan mi cabeza para su encuentro,
ser la musa tiene un precio, cautivan mi mente, interfieren mis sueños, alteran
mi realidad afortunadamente, soy sin duda, el archipiélago de su insomnio. Juegan
conmigo, disponen de mí, ya no se a quien servir, soy de uno pero quién es
quién, me hacen sospechar que son uno solo, quién es el reflejo, ¿o uno fue y
el otro es?
La voz del que
escribe se confunde con la del que habla, susurran como si al nombrar las
cosas, las trazaran, no es un diálogo, son párrafos entreverados…escucho:
─
M: …Me siento absurda y humildemente
grande, no como un megalómano, sino como una espora humana, como la esponja
muerta de la vida hinchada hasta la saturación.
─
D:
Tampoco quería ser escritor, sin embargo…la poesía luchaba contra el mundo, con
un manojo de letras para estanterías de polvo, mañana será otro día para
empezar una revolución.
─
M:…No hay forma, ni imagen, ni
arquitectura, sólo vueltas concéntricas de pura locura. Soy la fecha de la
sustancialidad del sueño. Verifico volando. Anulo dejándome caer a la tierra…
─
D:
..Como un kamikaze hacia el pestilente sol, como una katana sin demasiado aprecio
por mi cabeza, ¿a dónde va nuestro espinazo a soñar?, ¡hijos de puta! – Vocifera
golpeando el vaso sobre la mesa, agitando las hojas de papel que han dejado
sobre ella como un mantel, hojas arrugadas, escritas, en blanco, muchas hojas –
continúa…
─
Erratik
tik tik tik... ¡tik!, ¡no logro comprender aunque lo intento!, ¡Hijos de la
gran chingada!
Es la noche para tragarse el ancestral fracaso, ante las ruinas del diablo, ¡heredando
el tiempo como muerte ácida!, debo confesar que soy el necio que queríais –
termina bajando la voz -.
Me
siento en el suelo, intuyo una noche larga, parece que cambian de asiento,
Henry retoma la charla:
─
M:
La idea de empezar un nuevo libro me aterroriza: hay tanto que decir, que no sé
dónde o cómo empezar…
─
D:
…y mis pasos silenciosos hacen blando cualquier intento de alcanzar una oportunidad,
¡ah, en este sito se ven tantas guerras!, Y no sé por qué todas... antes de
empezar...perdidasssss.
─
M:…La idea de huir y empezar de nuevo
es igualmente aterradora; significa trabajar demasiado para subsistir. Para un
hombre de mi temperamento, siendo el mundo como es, no hay la más mínima
esperanza de solución. Aún cuando pudiera escribir el libro que quiero
escribir, nadie lo aceptaría, conozco a mis compatriotas demasiado bien: Aun
cuando pudiese empezar de nuevo, sería inútil, fundamentalmente porque no deseo
trabajar ni llegar a ser un miembro útil de la sociedad.
─
D:
A veces buscamos los símbolos, pero los símbolos nos encuentran a nosotros. Creo
que el alcohol me dejó de afectar, pues soy todo veneno. Da igual que lluevan
sapos o que llueva ceniza, llega un momento en que te transformas en algo
patético, y te da por buscar algo…
─
M: Vi hasta el último signo y el
último símbolo, pero no pude interpretar las expresiones de su rostro. Sólo
pude ver sus ojos brillando, enormes, luminosos, como senos carnosos, como si
yo estuviera nadando por detrás de ellos con los efluvios eléctricos de su
visión incandescente… sería la muerte?
─
D:
Muero... muero... escribiendo...
─
M: Llego a las mismas conclusiones a
que llego siempre, cuando dispongo de un minuto para pensar. O bien debo ir a
casa inmediatamente para empezar a escribir o debo huir y empezar una nueva
vida. Así pasan los momentos, momentos verídicos del tiempo sin espacio en que
lo sé todo y sabiéndolo todo me desplomo bajo el salto del sueño sin yo.
─
D:
De un sueño que al pensar que despierto le entrego corazón en mano, puesto que
en el agujero sobrante está el granito lunar de todos y cada una de las
esperanzas de esta espiral, ¡Ah niños de la eternidad! Puede que la suerte esté
echada pero yo os doy derecho a que crezcáis aquí, en este búnker de la mente.
─
M: El granito lunar, es el sol
oscurecido permanentemente, como para ayudarnos en nuestra continua lucha intestina.
Nuestro sol era marte, nuestra luna Saturno: vivimos permanentemente en el cenit
del averno. La tierra ha dejado de girar y a través del agujero en el cielo, cuelga
por encima de nosotros la negra estrella que nunca destella.
─
D:
Estamos bajo el sol leonado, en el cielo azur; las piedras no reclaman nada
y el cuervo es muy listo, no se trata de comer el huevo ni de mirar sin ojos…es
lo que hay.
─
M: Lo sé, crecí más allá de mi propia
muerte, espiritualmente brillante y dura. Estaba dividido en ayeres
interminables, mañanas interminables, descansando sólo en la cúspide del
acontecimiento, una pared con muchas ventanas, pero la casa había desaparecido…
El río se llama
muerte y tiene sabor amargo. Lo he vadeado muchas veces, hasta las caderas,
pero por alguna razón no me ha petrificado ni inmortalizado. Sigo ardiendo
vivamente por dentro, a pesar de que por fuera estoy muerto como un planeta.
─
D:
Me gusta el mal, lo bebo como una copa emponzoñada, servida por el último
dragón del vicio, ese que amorata los labios.
¿Escuchas
las huestes siniestras que cruzan el río frío de los sueños muertos?
─
M: Sí, vi al Dragón agitarse y
liberarse del dharma y del karma, vi a la nueva raza del hombre cociéndose en
la yema del porvenir.
─
D: ¿Ves cómo se
deshacen los dominios?, el frío hierro cae, los dragones devoran el ego, ya
estoy unido a las tinieblas. Los
ojos de las bestias son de profundidad abisal, propicios para caer en el
líquido turbio y poder beber sediento.
─
M:
La gente cree que el vacío es la nada, pero no lo es. El vacío es una plenitud
discordante, un mundo atestado de fantasmas en que el alma hace un
reconocimiento.
─
D: Aquí
no hay palabras, ni actos, ni símbolos, es una zona de encrucijada en la que no
hay nada que pueda ver, pero a un sólo gesto está la piel de la bestia y su
olor embriaga,
¡así que quizás pueda ser demasiado tarde!, ¡Ten cuidado!
─
M:
Sólo dos platos en el menú: el yo y el no yo. Y una eternidad para elaborarlo.
En esa eternidad que no tiene nada que ver con el tiempo ni con el espacio, hay
interludios en los que se produce algo así como un deshielo. La forma del yo se
descompone, pero el yo como el clima, permanece.
─
D: Es el acto
mágico lo que se enseña al Iniciado, para que no sea espurio. Voy a seguir el
camino de cianuro, hasta dónde los cristales no tienen reflejos y son esas
puertas que se llevan la piel la sinceridad.
─
M:
Esa puerta, que el cuerpo lleva encima, si se abre al mundo, conduce a la
aniquilación. Es la puerta por la que en todas las fábulas sale el mago; nadie
ha leído nunca que haya regresado por la misma puerta.
─
D: Yo soy el
mago.
─
M:
Y yo soy el Dragón.
─
Y
yo… soy la musa.
(Párrafos de
Henry Miller extraídos de Trópico de Capricornio y párrafos de diversos poemas
y cómics de Carlos Sueiro y/o Carlos Daminsky como: Recitales de la Botella, El
mal, Erratik, Magia, Sueños y otros textos erralistas, con su autorización)